El cóndor blanco va al encuentro con sus ancestros

Fue referente Montonero en la villa 31 de Retiro, y ahora le dicen Taita por sus conocimientos de la cultura andina, es profesor de runa simi, uno de los primeros sikuris en Buenos Aires y fue invitado a India y Australia para compartir sabiduría.

Entre 1973 y 1976 la Triple A ya practicaba el terrorismo de Estado en Argentina, que ganó virulencia a partir del golpe militar del 24 de marzo de 1976.  El grupo de tareas integrado por policías, civiles y militares secuestraba y conducía a miles de personas a los centros clandestinos de detención, donde eran torturados, y asesinados.

Carmelo Sardinas fue uno de esos jóvenes que llegó a la Argentina en búsqueda de oportunidades y dio con la Villa 31 de Retiro, la que sería su casa y también su escuela de lucha.

Nació en Potosí, Bolivia, en una familia de agricultores y originarios e ingresó a la tierra del Che a los 24 años de edad, primero por Salta y Jujuy donde trabajó buscándose unos manguitos y de ahí decidió jugársela en Buenos Aires.

En septiembre de 1966 llegó a la terminal de trenes de Retiro y estando ahí se encontró con un paisano que iba camino a su trabajo y que terminó por alojarlo en el barrio Comunicaciones donde rápidamente consiguió trabajo en construcción.

Su padre fue su gran ejemplo de lucha, un veterano de la guerra del Chaco con Paraguay que participó activamente en la Revolución nacionalista del 52’ en Bolivia y quien además fue el que le aconsejó viajar a Argentina para juntar dinero y estudiar en la Universidad de San Simón de Cochabamba.

En la villa conoció al padre Carlos Mugica, un sacerdote tercermundista y peronista que en la iglesia Cristo Obrero solía dar sermones revolucionarios muy seguidos por sus habitantes.

En 1968, José Valenzuela, uno de los luchadores históricos de la villa, citó a una reunión a la que asistieron entre otros, Carmelo, Mugica y Rodolfo Walsh, quien se mostró interesado por las necesidades del barrio, intercambiaron opiniones y llegaron al acuerdo de movilizarse a Plaza de Mayo en una convocatoria que organizaba el Partido Comunista. Carmelo se integró de lleno a la Jopate donde fue forjando una relación de confianza con Walsh, militando por la vivienda digna y la radicación definitiva de la villa de Retiro. Se fue a vivir a Güemes donde ganó las elecciones y se convirtió en el nuevo presidente del barrio.

Sus recuerdos y vivencias como montonero son numerosos, pero quizás uno de los capítulos más conmemorativos fue cuando encontraron el cuerpo de un compañero al que llamaban Galletas, un acto significativo, pues en tiempos de la desaparición forzada, tener al menos el cadáver de un ser querido o compañero ya era todo un triunfo.

En un encuentro entre compañeros de la Orga entre los barrios YPF y Comunicaciones y a la que asistió Rodolfo Walsh, todos prometieron no abandonar el país. Algunos de ellos fueron detenidos y aún siguen desaparecidos, pero ninguno se fue del país… tampoco lo hizo Walsh. Carmelo salió del barrio por orden de la Orga por seguridad.

La lucha desde lo ancestral

Pero su lugar de enunciación no sólo se forjó desde la militancia política, sino también como quechua, conocedor asiduo de la cosmogonía andina, profesor de Runa Simi, y músico cuyo grupo de sikuris se llama Kaypachamanta, que quiere decir, “de este tiempo y espacio”. Carmelo, conocido ahora como Taita Ullpu, fue uno de los primeros referentes del mundo indígena en Argentina en difundir la cultura originaria en ámbitos urbanos.

Fue consagrado en 1998 en Tiwanaku, lugar sagrado de la cultura pre-incaica por el consejo de Amautas. Allí hizo la ceremonia del Inti Raymi, participó en la primera asunción de Evo Morales y en la segunda, hizo guardia de honor en el Templo de Kalasasaya.

Hoy en día es presidente honorario de la Academia Mayor de la Lengua quechua de Cuzco, Perú, asociada con las academias de Cochabamba en Bolivia.

Su viaje por India y Australia

Kiva Kumbha Mela, es un festival en el que se unifican las culturas ancestrales de todo el mundo en India para pedir por la protección de los ríos sagrados que hoy están altamente contaminados. Este año se desarrolló la peregrinación entre el 10 y 11 de febrero y la ceremonia de Kiva entre el 14 al 17 del mismo mes. El objetivo, regresar al orden original para preservar la vida y mantener al planeta en armonía y equilibrio.

Los abuelos viajaron desde el occidente al oriente para representar a las culturas ancestrales de Abya Yala que con sus tradiciones se unificaron con los Sadhus (los grandes sabios de oriente) quienes visionaron este gran momento de ceremonia que reunió a más de 40 millones de personas en torno a la espiritualidad. Con el peregrinaje se compartió el fuego, el rezo, pidiendo y haciendo un plan de acción para la recuperación de los afluentes.

El viaje de Carmelo empezó desde Buenos Aires con escala en Estambul y de ahí a Vrindavan, a 3 horas de Nueva Delhi, la ciudad donde nació Krishna, un lugar que Carmelo describe como lleno de templos y de hombres y mujeres sabios. De ahí viajaron a la ciudad de Alahabad, donde se festejó el Khumba Mela. “Acompañamos la ceremonia del fuego y de ahí llegó la delegación de Chile, los arhuacos y huitotos de Colombia, los hermanos del Perú, Brasil, Paraguay y nosotros de Bolivia. A lo último llegaron los hermanos de México.

Participé de la ceremonia del agua en el templo de Brahma en la ciudad de Vrinddavan y luego a orillas del rio Yamuna presenciamos la entrega de un difunto al agua. Más tarde, junto a Biskungwi, arhuaco de Colombia, y de la mapuche Maria Huenuñir, nos alejamos un poco del grupo y caminamos a orillas del rio para honrarlo a nuestra manera con la hoja de coca. En eso, aparece la luna llena, pero de mano derecha, no como en el sur que aparece en el noroeste y justo ahí me di cuenta de que estábamos al otro lado del mundo. Tampoco apareció la chakana, nuestra constelación. En ese recorrido, sentimos la presencia de los ancianos de ese lugar y regresamos fortalecidos. Al retornar, fuimos recibidos con guirnaldas de flores.”

La ciudad de Vrindavan se le presentó también como un lugar contaminado donde no se podía ver bien ni al sol ni a la luna. En una ocasión –continúa Sardinas con su relato–, “salí a caminar y de pronto, como la atmósfera era nublosa, vislumbré una figura adelante, traté de avanzar, pero no me dejó, me corrí a la derecha, tampoco, a la izquierda y tampoco, entonces cerré mis ojos y me dije: ¿qué pasa? Medité por unos segundos.

Oré contándoles a los abuelos que venía a pedir por el agua, por la tierra, por el fuego y por el aire y que me dejaran estar allí para poder honrar, entonces sentí que fui entendido, abrí los ojos y la figura se partió en dos partes que se apostaron a cada uno de mis costados. Más adelante se juntaron para formar una sola luz brillante que me indicaba el camino. Ahí entendí que espiritualmente los ancianos me aceptaron y guiaron. Esa noche soñé que el cóndor blanco me acompañaba, siendo, sin más, la presencia más importante de mi vida.”

En ese viaje, Carmelo quedó gratamente sorprendido al poder verificar que sus ancestros habían viajado hacia ese continente y que regresaron enriquecidos por el intercambio. Encontró la planta madre de la quinua, pero ¿cómo llegó acá? Se preguntó y recordó que, al inicio del evento, Carlos Chazaro, hermano de México, aseguró que el náhuatl, el idioma de los mexicas, además del quechua fueron los que alimentaron al sánscrito, pero ¿cómo llegaron a este continente? Preguntó un hindú, pues parece que fueron guiados por las estrellas y por seres espaciales.

Les hicimos ver –dice Carmelo – que el quechua está vigente al igual que el náhuatl y muchas otras lenguas en nuestro continente, a lo que los monjes respondieron: “bueno pues nosotros tendremos que hacer una recuperación también”.

En Australia Carmelo fue invitado por la universidad de Tasmania a un festival y también visitó al cóndor en el zoológico del lugar. El ave es muy sagrada en nuestra cultura andina, explica, porque representa al espíritu del hombre sabio que se convirtió en este animal. El cóndor además vuela a más de 10 mil metros, trayendo mensajes de las estrellas, cometas y astros.

Acompañamos – dice – la ceremonia de apertura y allí explicamos que habíamos viajado con el espíritu del cóndor para fortalecer al de la ballena, animal sagrado en ese país. En el museo de Tasmania encontramos también la réplica de una canoa muy similar a las empleadas en el Lago Titicaca por los incas y tiwanakotas. Confirmé una vez, con varias plantas también, que nuestros abuelos sí le habían dado la vuelta al mundo.

Geográficamente siempre tuvieron sus montes, sus alimentos, hierbas medicinales, estaban rodeados de pescado, no les faltó nada, pero nosotros crecimos sobre 5 mil metros de altura y estamos ligados espiritualmente a la sobrevivencia.

De alguna manera somos más libres para poner en práctica nuestros conocimientos en diferentes espacios públicos, pero ellos aún deben apostarse en una isla para poder hacer sus rituales.

Me emociona pensar hasta qué punto el inca habrá llegado a estos continentes y hasta donde asumieron como una forma de vida aquellas culturas… ¡lo nuestro es sorprendente y que grandeza esta cultura, cada vez siento dentro mío más fortaleza!

Por: Claudia Milena González Bernal

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